Consejos para leer con un niño

 

A lo largo de nuestras incursiones por librerías, bibliotecas y colegios de la ciudad, hemos conocido centenares de padres y profesores interesados en motivar a sus hijos y alumnos a escoger la lectura como una actividad predilecta. Mucho se ha hablado de que estamos en la era de la imagen, de que los libros son cosas del pasado y que hoy en día es muy difícil motivar a un niño a leer. Muchas veces, los niños reciben libros como regalo, y los padres, muchas veces por no saber cómo leer con sus hijos, deciden apilarlos en algún rincón de la habitación esperando que el interés de leerlos venga del niño mismo.

Por otro lado los profesores muchas veces quisieran agregar textos interesantes al pensum de lectura, o profundizar mucho más en la materia literaria, pero por reglamentaciones académicas esto les resulta imposible.

A lo largo de los años que venimos trabajando con los niños, hemos descubierto que la lectura puede motivarse desde muchos ángulos. Si padres y profesores quisieran tomar nota de nuestra experiencia, les traemos algunos consejos útiles para leer con los niños.

 

  1. Leer en compañía siempre es más divertido:

 

Muchos niños pueden llegar a escoger la lectura como su actividad predilecta de forma independiente, pero como en la mayor parte de actividades (incluyendo la práctica de las artes, de la música o del deporte) el interés seguramente se despierta a partir de alguna experiencia significativa con estas prácticas.

La forma más valiente y valiosa para motivar a un niño a la lectura es hacer de esta actividad una actividad compartida tanto con los padres como con otros niños. Leer en grupo no solo significa hacer de la lectura algo más lúdico, sino que además leyendo en comunidad se crea un espacio para compartir las experiencias de la lectura. Mirar juntos las ilustraciones, hacer conjeturas sobre hacia dónde irá el hilo de la historia y compartir opiniones y reflexiones al finalizar el cuento hace de la lectura algo muy enriquecedor, pues no solo fortalece el vínculo con aquellos que participan de la actividad sino que además aumenta la capacidad reflexiva de los niños que empiezan a ver en los libros un nicho interesante que abre las puertas a todo tipo de reflexiones.

 

  1. Hagamos de la lectura una actividad del tiempo libre:

 

En la mayoría de colegios la lectura se ha vuelto una actividad impositiva. Leer 10 capítulos de cualquier obra para el día siguiente se suma al tedio de las tereas de matemáticas o de los ejercicios de inglés. Académicamente, la lectura se ha vuelto una actividad más que le quita a los niños horas de su espacio de esparcimiento desmotivándolos completamente frente a esta práctica.

Hay mucho tiempo para dedicarle a la lectura fuera de las actividades escolares. Leer antes de dormir es la hora predilecta de muchos padres, pero también se puede salir a leer un libro al parque, o invitar a otros niños a compartir una tarde de juegos en la que la lectura esté incluida.

En el caso de los maestros, es mucho más difícil apartar el peso académico de la actividad de leer. Sin embargo, por un lado, se pueden alternar las lecturas del pensum escolar con lecturas que los niños puedan escoger de alguna lista y elaborar algunas actividades a parte con los libros que los niños escogieron leer. En el aula de clase es muy recomendable realizar lecturas en comunidad, para compartir experiencias y reflexiones, y que sean justamente estas sesiones las que aligeren la carga académica de otras materias.

 

  1. Visitemos las librerías con los niños

 

El espacio de la librería ofrece todo tipo de actividades a las que los niños pueden asistir. A nuestras lecturas asiste casi siempre un público asiduo y los niños generalmente se entusiasman con la actividad. Además de llevar a los niños a este espacio para asistir a talleres y demás, es importante que los niños se familiaricen con el espacio de la librería para poder contemplar todas las opciones de libros entre las cuales puede escoger.

Observar los libros en los escaparates, mirar las distintas ilustraciones, sentarse a leer unas páginas o atender a las recomendaciones del librero son algunas de las cosas que seguramente generarán un cambio frente a esta actividad. Lo más valioso será tal vez que el niño aprenderá a forjar sus propios intereses frente a la lectura: sabrá qué autor le gusta más, qué libros son de su preferencia, y además, podrá observar cualquier libro sin que se le imponga censura alguna.

 

  1. La lectura también puede ir de la mano de otras actividades:

 

Nuestros talleres de lectura generalmente van acompañados de otras actividades. Ofrecemos talleres de ilustración y poesía que van de la mano con una lectura conjunta. Que el niño complemente la actividad de la lectura con otro tipo de ejercicios para los que tiene que utilizar su imaginación, ayuda no solo a aumentar el interés de los niños por los libros, sino que además les ayuda a ampliar el contenido de la lectura con su propia capacidad reflexiva.

A través del uso de estas actividades, el niño aprende que un texto no se acaba cuando cerramos sus páginas, sino que nosotros mismos, a través de nuestra capacidad de discernir, imaginar y crear, seguimos construyendo el texto por fuera de sus páginas.

 

  1. Sobre la comodidad, el descanso y el juego:

 

Finalmente, quisiéramos dar unas últimas pinceladas a nuestros consejos. Cuando vayamos a leer con un niño hagámoslo en la más absoluta comodidad. Para los padres, ojalá acomodemos a los niños es los mullidos almohadones de la cama, o bajo la penumbra del sol de las tardes. Para los maestros, coloquemos las sillas y mesas del salón en una disposición diferente, para recibir la actividad de la lectura con el mayor agrado y simpatía.

Ojalá entre todos se puedan observar las ilustraciones del libro, y si el texto no cuenta con esta herramienta, que estas ilustraciones puedan crearse a través de la imaginación.

Para terminar, al final de cada sesión abramos nuestros oídos a las reflexiones de los niños sobre la lectura. Nunca subestimemos la mente de un niño, que muchas veces nos abre caminos que nosotros los adultos, en la dispersión que nos imponen las responsabilidades y preocupaciones, dejamos pasar totalmente desapercibidos.

 

¡Ojalá todos tengan una feliz lectura con los niños que habitan sus mundos!

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