La lectura llega a Tierra Bomba: una entrevista con J.R. Moreno

En una mañana de viernes nos reunimos con J.R. Moreno en una bonita cafetería, y al pasar de unos cuantos sorbos de café, nuestro autor e ilustrador nos contó sobre su experiencia en la isla de Tierra Bomba. La lectura atravesó las orillas de la costa atlántica y llegó a esta pequeña isla donde los libros son tesoros y rarezas invaluables. J.R Moreno nos cuenta una linda historia sobre cómo la lectura ha logrado generar un cambio drástico en toda una generación de isleños.

El Salmón Editores: Lo primero que nos gustaría que nos contaras es cómo es las isla de Tierra Bomba. No todos la hemos visitado, pero tenemos entendido que no se trata precisamente de un lugar acaudalado y económicamente afortunado.

J.R. Moreno: Yo llegué a Tierra Bomba sin tener la menor idea de cómo era. Solamente sabía que se trataba de una isla que estaba a 10 minutos de Cartagena. Tierra Bomba está situada frente a Boca Grande, y hay un gran contraste entre ambos lugares. Se decía que hace no mucho era un lugar completamente desierto: solo había piedra y tierra, y solo hasta hace algunos años comenzaron a sembrar vegetación. Las personas que habitan Tierra Bomba llevan una vida muy precaria, tanto que el agua potable es un bien que conocen hace muy poco. El sitio al que yo llegué era una fundación, y si bien era un lugar que tenía sus habitaciones, también estaba bastante desvencijado. Las paredes de madera no estaban en el mejor estado y los tejados tampoco. A pesar de esto era un lugar privilegiado, pues la fundación contaba con agua potable, baño y cocina, algo que no es común en las casas de la localidad. Esto me generó mucho impacto.

Cuando avisté la isla desde la lancha en la que me llevaron, me quedé impactado de lo grande que era el lugar. Durante mi estadía creo que no alcancé a visitar ni siquiera el 10% de los que es la isla de Tierra Bomba. Desde lejos se avistaban las pequeñas casas construidas por los mismos habitantes. Todas estaban construidas con ladrillo expuesto, con ese ladrillo que no tiene los recubrimientos de las casas que vemos en las ciudades. La mayoría de las casas tienen solo un primer piso. Solo fundaciones y colegios cuentan con una infraestructura más compleja.

Algo que me impactó fue que cuando llegamos a la isla nos dijeron que iba a llover: en ese momento las personas de la isla comenzaron a sacar grandes recipientes de plástico para colocar en los techos. Me di cuenta que esto lo hacían con el propósito de almacenar agua por la falta del servicio de agua potable.

Es una isla que impacta mucho frente a infraestructura pero también impacta mucho por su gente, que a pesar de sus precarias condiciones, tiene mucho interés por salir adelante.

El Salmón Editores: Y a nivel educativo, ¿cómo se manejan las cosas en la isla?

J.R. Moreno: Creo que justamente desde hace unos diez años está transformándose el concepto de educación en la isla. Antes de esto, para las personas de Tierra Bomba la educación no formaba parte de sus prioridades, pues los habitantes se dedicaban principalmente a la pesca o a trabajar como vendedores ambulantes en las playas de Cartagena. Las personas de las fundaciones llegaron a la isla con el propósito de generar una cultura alrededor de la educación. Antes de que se fundara el colegio en la isla, las fundaciones llevaban actividades de lectura para que entre las generaciones más jóvenes se difundiera este hábito. De hecho, este tipo de actividades ayudaron a cimentar un interés por la educación que partiera desde los mismos niños, pues incluso hoy en día para los padres (que crecieron en unas condiciones educativas y laborales muy distintas) no es un tema de real interés o importancia que sus hijos vayan o no al colegio. De hecho hasta hace muy poco se graduó de odontología la primera estudiante universitaria proveniente de la isla de Tierra Bomba, y la isla entera celebró esto como un verdadero acontecimiento nunca antes visto.

La mayoría de los habitantes de la isla cuenta con la ventaja de las becas que provee el gobierno a la población afrodescendiente. Es decir que después de que se gradúen del colegio, los niños de Tierra Bomba pueden acceder a cualquier carrera universitaria que deseen.

El Salmón Editores: Tu hablas entonces de dos generaciones muy diferentes en la isla: de los padres que nunca recibieron una educación formal, y de unos niños que más o menos de unos diez años para acá vienen recibiendo una educación. ¿Tu crees que para esta nueva generación la educación tiene un significado diferente que para sus padres? Y entrando tal vez en un campo diferente, ¿qué hacen entonces los niños con su tiempo libre en la isla? Nos interesa mucho saberlo, pues como sabes, uno de los propósitos de El Salmón Editores es promover la lectura como una actividad del tiempo libre.

J.R. Moreno: En cuanto a la pregunta de las dos generaciones, creo que hoy en día para los niños el colegio es un lugar importante. Si bien en la Isla de Tierra Bomba (culturalmente hablando) ir al colegio no es una obligación sino una alternativa entre muchas, muchos niños si tienen una iniciativa propia de asistir a la escuela, pues es un espacio en el que realizan actividades muy distintas a las de los adultos. Si ellos deciden no ir a la escuela, generalmente pasan el resto del día departiendo con sus padres en sus actividades (como la pesca, la venta ambulante en Cartagena u otras actividades del tiempo libre, como jugar dominó con los vecinos). Como dijimos, desde los padres ellos no encuentran la motivación o el empuje para ir al colegio. Las fundaciones son las que se encargan de concientizar la importancia de la educación, y en el colegio hay algunos profesores (especialmente una) dedicados a trabajar en programas de lectura. De hecho, en la isla el colegio ha organizado una pequeña biblioteca ambulante con el objetivo de que los libros lleguen a la casa de los niños.

Lo que quiero decir es que los niños en realidad ven el colegio como el espacio que ocupa su tiempo libre, ya que los padres tienen un concepto muy distinto de lo que significa estar ocupados. Después del colegio los niños si quieren pueden asistir a alguna de las fundaciones de la isla. En la fundación en la que yo me quedé (que se llama Amigos del mar), reciben muchos voluntarios de Holanda y Alemania que quieren hacer servicios sociales. Estos voluntarios proponen distintos talleres para los niños que involucran la lectura, pero también la cocina o el arte. En esta fundación (como en el colegio) dejamos los libros de El Salmón Editores, y realmente la acogida que tuvieron nuestros talleres fue muy satisfactoria para mi.

El Salmón Editores: Ya que entramos en el tema de los talleres y la lectura, sería interesante que nos contaras más sobre cómo los niños acogieron nuestros libros y sobre cómo respondieron a nuestros talleres. Si recuerdas alguna anécdota en particular sería interesante compartirla con nuestros lectores. También nos gustaría saber cómo fue tu experiencia capacitando talleristas con el “método Salmón”. ¿Cómo respondieron a nuestra forma de hacer los talleres?

J.R. Moreno: Es muy curioso: aquí en Bogotá, cuando hacemos algún taller los niños participan y están muy contentos de hacer la lectura, pero también a veces se distraen o se dispersan. Contrariamente, en la isla todos los niños participan, gritan, hacen sus intervenciones durante y después de la lectura. Es un poco caótico, pero se nota que los niños están disfrutando mucho del taller. Creo que en la isla es evidente que los niños ven esto como una novedad, mientras que aquí en la ciudad este tipo de actividades son mucho más recurrentes.

Por el lado de los talleristas, la idea era hacer varios talleres en muchas de las fundaciones, pero fue imposible por el factor climático: en la isla la lluvia detiene todas las actividades. La movilidad dentro de la isla es muy difícil cuando llueve, pues las calles no están pavimentadas; y salir a mar abierto tanto para las actividades de pesca como para las actividades de venta ambulante en Cartagena puede ser muy peligroso. En un inicio las actividades fueron solo para tres personas, pero justo ese día algunos niños llegaron a la fundación. Comenzó a llover y los niños se quedaron atrapados y resolvieron tomar el taller con los adultos. En general la respuesta fue muy buena, y los niños de hecho ayudaron a que los talleristas fueran más entusiastas a la hora de recibir la información. De hecho, el taller de dibujo con punzón fue una actividad que los adultos disfrutaron incluso más que los niños, reviviendo el entusiasmo que tenían en la infancia por este tipo de actividades.

El Salmón Editores: Nuestras publicaciones llegaron a Tierra Bomba gracias a ti. De los libros que hemos publicado, ¿cuál crees que fue el que le gustó más a los niños?

J.R. Moreno: La respuesta, de hecho, fue muy curiosa. Por ejemplo, el libro de La playa que aquí en Bogotá generalmente genera una respuesta muy entusiasta, allá no alcanzó el mismo impacto, pues en la isla se trata de un tema ya muy cotidiano. Por eso creo que prefirieron temas como el de Los dinosaurios que fue todo un éxito entre niños y adultos. También ¿Sabes cuáles son? fue una lectura interesante para muchos.

El Salmón Editores: Los dinosaurios, generalmente, es un libro que causa mucha controversia. Al ser un libro que habla sobre la muerte las reacciones son muy distintas. ¿Cómo respondió el público a la lectura?

J.R. Moreno: En la isla la mayoría de las familias no son familias completas. Se ven muchos casos en los que el papá abandona el hogar y quedan solo la mamá y los hijos. Muchos niños se sintieron muy identificados con el relato de Los dinosaurios, y en general lo identificaron como un relato triste a pesar de haberles gustado y haber disfrutado la lectura.

El Salmón Editores: Tu has realizado nuestras actividades tanto aquí en Bogotá como allá en Tierra Bomba. Ya vimos que se trata de dos contextos sociales, culturales y económicos muy diferentes. ¿Cuáles son las estrategias de lectura que has utilizado en ambos casos?

J.R. Moreno: Creo que ante todo hay que ocuparse de generar una expectativa. Con el libro de ¿Sabes cuáles son? es fácil porque es un libro de adivinanzas, pero en general creo que es muy importante que quienes estamos haciendo la lectura les hagamos preguntas de manera constante para que ellos mantengan viva su atención. Preguntas como “¿por qué crees que pasó esto?”, “¿cómo crees que los personajes vayan a resolver ese problema?”, “¿qué piensas de cómo reaccionó tal personaje?” o “¿qué crees que vaya a pasar ahora?” son preguntas clave para captar la atención, tanto para los niños de Bogotá como para los niños de Tierra Bomba. Con Salmón también aprendí que es muy importante nunca decirles a los niños que su opinión no es correcta, sino más bien tratar de generarles más preguntas a partir de su propia respuesta, o también ir direccionándolos hacia el lugar al que queremos que lleguen. Algo curioso que me ocurrió en Tierra Bomba fue que aprendí que ellos tienen nombres diferentes para algunos animales. Por ejemplo, no les dicen “tortugas” a las tortugas sino las llaman con otro nombre que la verdad no recuerdo en este momento… ¡pero en ese instante nos sentimos desfasados en el lenguaje! Fue bastante gracioso encontrarme con ese tipo de cosas. La verdad creo que como tallerista lo más importante es dejarse sorprender de los niños, y sus mismas respuestas catapultarlas de vuelta para que la lectura sea más dinámica y divertida.

El Salmón Editores: De acuerdo a lo que tu viste en Tierra Bomba, ¿tu crees que las actividades organizadas en las fundaciones de verdad pueden hacer un cambio en la vida de los niños?

J.R. Moreno: ¡Por supuesto! De hecho, ese cambio ya se ve. Ya hay una nueva generación que ya se interesa por los libros y por la educación , e incluso ya se ve el interés de muchos por traer a sus padres a las actividades de las fundaciones. Sin embargo, sigue siendo difícil con los padres, pues ellos ven los talleres como una actividad exclusivamente para niños. Por eso es muy importante la actividad de la biblioteca ambulante, pues ahí se lleva la lectura hasta las casas, y en ese ámbito incluso son los niños les que le leen a sus padres. Esto ha sido muy importante para que ellos se involucren con más interés en la educación de sus hijos.

El Salmón Editores: Es decir, ¿tu ves que los niños de Tierra Bomba ya están asumiendo un papel más activo en la transformación de su sociedad?

J.R. Moreno: Obviamente no son todos los niños. Muchos no son “activistas” de la lectura, pero la generación joven (que son chicos entre los 18 y los 25 años) si son mucho más proactivos con llevar la lectura y la educación a todos los rincones de la isla, tanto a la generación más joven como a la generación de los adultos.

El Salmón Editores: En ese caso, ¿qué impacto ves que estén teniendo los niños y jóvenes en la generación de sus padres?

J.R. Moreno: Aunque no tuve el tiempo suficiente de quedarme para observar esta situación, si se que los niños lideran la actividad de la lectura en sus casas. Supe que muchos niños y jóvenes reunían a su familia después de la comida y que juntos escuchaban al niño leer con mucho respeto. Más allá de eso aún no está pasando mayor cosa. Aún falta bastante camino por recorrer a ese respecto.

El Salmón Editores: De lo que me cuentas, entonces la lectura se está convirtiendo en una actividad comunitaria, y a través de esa forma de accionar se están haciendo cambio no solo a nivel individual sino a nivel social. ¿Eso es lo que ves?

J.R. Moreno: Sí.

El Salmón Editores: Según lo que me cuentas, en Tierra Bomba los niños, en realidad, tienen la opción de vivir como los adultos. Salen de pesca, salen a vender pulseras en las playas de Cartagena, juegan dominó con los vecinos. La lectura está siendo una actividad propia de la infancia. ¿Cómo crees que la lectura esté cambiando entonces ese concepto que se tiene de la infancia en la sociedad de la isla?

J.R. Moreno: Qué buena pregunta. Se está dando más a conocer la actitud de un niño y no la actitud de lo que tengo que hacer para sobrevivir y pasar el día. También está esa parte del ocio que es muy importante. Creo que está volviendo a renacer la infancia como tal: antes no se veía que un niño fuera a jugar o a leer, o a pasar el tiempo libre en una actividad lúdica diseñada especialmente para él.

El Salmón Editores: Sí, es que si somos objetivos aquí en Bogotá la infancia es casi una institución: el niño va al colegio, hace sus actividades extracurriculares, vuelve a casa a jugar y descansar. Pero uno se desplaza algunos kilómetros de la capital (o dentro de los suburbios de la misma) y uno encuentra niños trabajando con sus padres o ayudándoles de alguna manera a sustentar el hogar. Creo que en Tierra Bomba esto está cambiando, y es gracias a actividades como la lectura, o el deporte, por ejemplo.

J.R. Moreno: Claro, estas actividades en torno a la lectura sí crean espacios para que el niño regrese a la “institución” de la infancia.

El Salmón Editores: Ya para terminar la entrevista, ¿hubo alguna historia conmovedora alrededor de la actividad de la lectura? ¿Crees que cambiaste la vida de alguien realizando la actividad?

J.R. Moreno: El trato con los animales en la isla es muy malo. Los perros y los gatos en general no reciben muchos cuidados, y por lo contrario reciben bastante maltrato. Al leer ¿Sabes cuáles son? muchos niños cayeron en cuenta de que trataban mal a los animales: el libro se convirtió en un espejo para empezar a generar un cambio.

 

 

 

 

 

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