La lectura llega a Tierra Bomba: una entrevista con J.R. Moreno

En una mañana de viernes nos reunimos con J.R. Moreno en una bonita cafetería, y al pasar de unos cuantos sorbos de café, nuestro autor e ilustrador nos contó sobre su experiencia en la isla de Tierra Bomba. La lectura atravesó las orillas de la costa atlántica y llegó a esta pequeña isla donde los libros son tesoros y rarezas invaluables. J.R Moreno nos cuenta una linda historia sobre cómo la lectura ha logrado generar un cambio drástico en toda una generación de isleños.

El Salmón Editores: Lo primero que nos gustaría que nos contaras es cómo es las isla de Tierra Bomba. No todos la hemos visitado, pero tenemos entendido que no se trata precisamente de un lugar acaudalado y económicamente afortunado.

J.R. Moreno: Yo llegué a Tierra Bomba sin tener la menor idea de cómo era. Solamente sabía que se trataba de una isla que estaba a 10 minutos de Cartagena. Tierra Bomba está situada frente a Boca Grande, y hay un gran contraste entre ambos lugares. Se decía que hace no mucho era un lugar completamente desierto: solo había piedra y tierra, y solo hasta hace algunos años comenzaron a sembrar vegetación. Las personas que habitan Tierra Bomba llevan una vida muy precaria, tanto que el agua potable es un bien que conocen hace muy poco. El sitio al que yo llegué era una fundación, y si bien era un lugar que tenía sus habitaciones, también estaba bastante desvencijado. Las paredes de madera no estaban en el mejor estado y los tejados tampoco. A pesar de esto era un lugar privilegiado, pues la fundación contaba con agua potable, baño y cocina, algo que no es común en las casas de la localidad. Esto me generó mucho impacto.

Cuando avisté la isla desde la lancha en la que me llevaron, me quedé impactado de lo grande que era el lugar. Durante mi estadía creo que no alcancé a visitar ni siquiera el 10% de los que es la isla de Tierra Bomba. Desde lejos se avistaban las pequeñas casas construidas por los mismos habitantes. Todas estaban construidas con ladrillo expuesto, con ese ladrillo que no tiene los recubrimientos de las casas que vemos en las ciudades. La mayoría de las casas tienen solo un primer piso. Solo fundaciones y colegios cuentan con una infraestructura más compleja.

Algo que me impactó fue que cuando llegamos a la isla nos dijeron que iba a llover: en ese momento las personas de la isla comenzaron a sacar grandes recipientes de plástico para colocar en los techos. Me di cuenta que esto lo hacían con el propósito de almacenar agua por la falta del servicio de agua potable.

Es una isla que impacta mucho frente a infraestructura pero también impacta mucho por su gente, que a pesar de sus precarias condiciones, tiene mucho interés por salir adelante.

El Salmón Editores: Y a nivel educativo, ¿cómo se manejan las cosas en la isla?

J.R. Moreno: Creo que justamente desde hace unos diez años está transformándose el concepto de educación en la isla. Antes de esto, para las personas de Tierra Bomba la educación no formaba parte de sus prioridades, pues los habitantes se dedicaban principalmente a la pesca o a trabajar como vendedores ambulantes en las playas de Cartagena. Las personas de las fundaciones llegaron a la isla con el propósito de generar una cultura alrededor de la educación. Antes de que se fundara el colegio en la isla, las fundaciones llevaban actividades de lectura para que entre las generaciones más jóvenes se difundiera este hábito. De hecho, este tipo de actividades ayudaron a cimentar un interés por la educación que partiera desde los mismos niños, pues incluso hoy en día para los padres (que crecieron en unas condiciones educativas y laborales muy distintas) no es un tema de real interés o importancia que sus hijos vayan o no al colegio. De hecho hasta hace muy poco se graduó de odontología la primera estudiante universitaria proveniente de la isla de Tierra Bomba, y la isla entera celebró esto como un verdadero acontecimiento nunca antes visto.

La mayoría de los habitantes de la isla cuenta con la ventaja de las becas que provee el gobierno a la población afrodescendiente. Es decir que después de que se gradúen del colegio, los niños de Tierra Bomba pueden acceder a cualquier carrera universitaria que deseen.

El Salmón Editores: Tu hablas entonces de dos generaciones muy diferentes en la isla: de los padres que nunca recibieron una educación formal, y de unos niños que más o menos de unos diez años para acá vienen recibiendo una educación. ¿Tu crees que para esta nueva generación la educación tiene un significado diferente que para sus padres? Y entrando tal vez en un campo diferente, ¿qué hacen entonces los niños con su tiempo libre en la isla? Nos interesa mucho saberlo, pues como sabes, uno de los propósitos de El Salmón Editores es promover la lectura como una actividad del tiempo libre.

J.R. Moreno: En cuanto a la pregunta de las dos generaciones, creo que hoy en día para los niños el colegio es un lugar importante. Si bien en la Isla de Tierra Bomba (culturalmente hablando) ir al colegio no es una obligación sino una alternativa entre muchas, muchos niños si tienen una iniciativa propia de asistir a la escuela, pues es un espacio en el que realizan actividades muy distintas a las de los adultos. Si ellos deciden no ir a la escuela, generalmente pasan el resto del día departiendo con sus padres en sus actividades (como la pesca, la venta ambulante en Cartagena u otras actividades del tiempo libre, como jugar dominó con los vecinos). Como dijimos, desde los padres ellos no encuentran la motivación o el empuje para ir al colegio. Las fundaciones son las que se encargan de concientizar la importancia de la educación, y en el colegio hay algunos profesores (especialmente una) dedicados a trabajar en programas de lectura. De hecho, en la isla el colegio ha organizado una pequeña biblioteca ambulante con el objetivo de que los libros lleguen a la casa de los niños.

Lo que quiero decir es que los niños en realidad ven el colegio como el espacio que ocupa su tiempo libre, ya que los padres tienen un concepto muy distinto de lo que significa estar ocupados. Después del colegio los niños si quieren pueden asistir a alguna de las fundaciones de la isla. En la fundación en la que yo me quedé (que se llama Amigos del mar), reciben muchos voluntarios de Holanda y Alemania que quieren hacer servicios sociales. Estos voluntarios proponen distintos talleres para los niños que involucran la lectura, pero también la cocina o el arte. En esta fundación (como en el colegio) dejamos los libros de El Salmón Editores, y realmente la acogida que tuvieron nuestros talleres fue muy satisfactoria para mi.

El Salmón Editores: Ya que entramos en el tema de los talleres y la lectura, sería interesante que nos contaras más sobre cómo los niños acogieron nuestros libros y sobre cómo respondieron a nuestros talleres. Si recuerdas alguna anécdota en particular sería interesante compartirla con nuestros lectores. También nos gustaría saber cómo fue tu experiencia capacitando talleristas con el “método Salmón”. ¿Cómo respondieron a nuestra forma de hacer los talleres?

J.R. Moreno: Es muy curioso: aquí en Bogotá, cuando hacemos algún taller los niños participan y están muy contentos de hacer la lectura, pero también a veces se distraen o se dispersan. Contrariamente, en la isla todos los niños participan, gritan, hacen sus intervenciones durante y después de la lectura. Es un poco caótico, pero se nota que los niños están disfrutando mucho del taller. Creo que en la isla es evidente que los niños ven esto como una novedad, mientras que aquí en la ciudad este tipo de actividades son mucho más recurrentes.

Por el lado de los talleristas, la idea era hacer varios talleres en muchas de las fundaciones, pero fue imposible por el factor climático: en la isla la lluvia detiene todas las actividades. La movilidad dentro de la isla es muy difícil cuando llueve, pues las calles no están pavimentadas; y salir a mar abierto tanto para las actividades de pesca como para las actividades de venta ambulante en Cartagena puede ser muy peligroso. En un inicio las actividades fueron solo para tres personas, pero justo ese día algunos niños llegaron a la fundación. Comenzó a llover y los niños se quedaron atrapados y resolvieron tomar el taller con los adultos. En general la respuesta fue muy buena, y los niños de hecho ayudaron a que los talleristas fueran más entusiastas a la hora de recibir la información. De hecho, el taller de dibujo con punzón fue una actividad que los adultos disfrutaron incluso más que los niños, reviviendo el entusiasmo que tenían en la infancia por este tipo de actividades.

El Salmón Editores: Nuestras publicaciones llegaron a Tierra Bomba gracias a ti. De los libros que hemos publicado, ¿cuál crees que fue el que le gustó más a los niños?

J.R. Moreno: La respuesta, de hecho, fue muy curiosa. Por ejemplo, el libro de La playa que aquí en Bogotá generalmente genera una respuesta muy entusiasta, allá no alcanzó el mismo impacto, pues en la isla se trata de un tema ya muy cotidiano. Por eso creo que prefirieron temas como el de Los dinosaurios que fue todo un éxito entre niños y adultos. También ¿Sabes cuáles son? fue una lectura interesante para muchos.

El Salmón Editores: Los dinosaurios, generalmente, es un libro que causa mucha controversia. Al ser un libro que habla sobre la muerte las reacciones son muy distintas. ¿Cómo respondió el público a la lectura?

J.R. Moreno: En la isla la mayoría de las familias no son familias completas. Se ven muchos casos en los que el papá abandona el hogar y quedan solo la mamá y los hijos. Muchos niños se sintieron muy identificados con el relato de Los dinosaurios, y en general lo identificaron como un relato triste a pesar de haberles gustado y haber disfrutado la lectura.

El Salmón Editores: Tu has realizado nuestras actividades tanto aquí en Bogotá como allá en Tierra Bomba. Ya vimos que se trata de dos contextos sociales, culturales y económicos muy diferentes. ¿Cuáles son las estrategias de lectura que has utilizado en ambos casos?

J.R. Moreno: Creo que ante todo hay que ocuparse de generar una expectativa. Con el libro de ¿Sabes cuáles son? es fácil porque es un libro de adivinanzas, pero en general creo que es muy importante que quienes estamos haciendo la lectura les hagamos preguntas de manera constante para que ellos mantengan viva su atención. Preguntas como “¿por qué crees que pasó esto?”, “¿cómo crees que los personajes vayan a resolver ese problema?”, “¿qué piensas de cómo reaccionó tal personaje?” o “¿qué crees que vaya a pasar ahora?” son preguntas clave para captar la atención, tanto para los niños de Bogotá como para los niños de Tierra Bomba. Con Salmón también aprendí que es muy importante nunca decirles a los niños que su opinión no es correcta, sino más bien tratar de generarles más preguntas a partir de su propia respuesta, o también ir direccionándolos hacia el lugar al que queremos que lleguen. Algo curioso que me ocurrió en Tierra Bomba fue que aprendí que ellos tienen nombres diferentes para algunos animales. Por ejemplo, no les dicen “tortugas” a las tortugas sino las llaman con otro nombre que la verdad no recuerdo en este momento… ¡pero en ese instante nos sentimos desfasados en el lenguaje! Fue bastante gracioso encontrarme con ese tipo de cosas. La verdad creo que como tallerista lo más importante es dejarse sorprender de los niños, y sus mismas respuestas catapultarlas de vuelta para que la lectura sea más dinámica y divertida.

El Salmón Editores: De acuerdo a lo que tu viste en Tierra Bomba, ¿tu crees que las actividades organizadas en las fundaciones de verdad pueden hacer un cambio en la vida de los niños?

J.R. Moreno: ¡Por supuesto! De hecho, ese cambio ya se ve. Ya hay una nueva generación que ya se interesa por los libros y por la educación , e incluso ya se ve el interés de muchos por traer a sus padres a las actividades de las fundaciones. Sin embargo, sigue siendo difícil con los padres, pues ellos ven los talleres como una actividad exclusivamente para niños. Por eso es muy importante la actividad de la biblioteca ambulante, pues ahí se lleva la lectura hasta las casas, y en ese ámbito incluso son los niños les que le leen a sus padres. Esto ha sido muy importante para que ellos se involucren con más interés en la educación de sus hijos.

El Salmón Editores: Es decir, ¿tu ves que los niños de Tierra Bomba ya están asumiendo un papel más activo en la transformación de su sociedad?

J.R. Moreno: Obviamente no son todos los niños. Muchos no son “activistas” de la lectura, pero la generación joven (que son chicos entre los 18 y los 25 años) si son mucho más proactivos con llevar la lectura y la educación a todos los rincones de la isla, tanto a la generación más joven como a la generación de los adultos.

El Salmón Editores: En ese caso, ¿qué impacto ves que estén teniendo los niños y jóvenes en la generación de sus padres?

J.R. Moreno: Aunque no tuve el tiempo suficiente de quedarme para observar esta situación, si se que los niños lideran la actividad de la lectura en sus casas. Supe que muchos niños y jóvenes reunían a su familia después de la comida y que juntos escuchaban al niño leer con mucho respeto. Más allá de eso aún no está pasando mayor cosa. Aún falta bastante camino por recorrer a ese respecto.

El Salmón Editores: De lo que me cuentas, entonces la lectura se está convirtiendo en una actividad comunitaria, y a través de esa forma de accionar se están haciendo cambio no solo a nivel individual sino a nivel social. ¿Eso es lo que ves?

J.R. Moreno: Sí.

El Salmón Editores: Según lo que me cuentas, en Tierra Bomba los niños, en realidad, tienen la opción de vivir como los adultos. Salen de pesca, salen a vender pulseras en las playas de Cartagena, juegan dominó con los vecinos. La lectura está siendo una actividad propia de la infancia. ¿Cómo crees que la lectura esté cambiando entonces ese concepto que se tiene de la infancia en la sociedad de la isla?

J.R. Moreno: Qué buena pregunta. Se está dando más a conocer la actitud de un niño y no la actitud de lo que tengo que hacer para sobrevivir y pasar el día. También está esa parte del ocio que es muy importante. Creo que está volviendo a renacer la infancia como tal: antes no se veía que un niño fuera a jugar o a leer, o a pasar el tiempo libre en una actividad lúdica diseñada especialmente para él.

El Salmón Editores: Sí, es que si somos objetivos aquí en Bogotá la infancia es casi una institución: el niño va al colegio, hace sus actividades extracurriculares, vuelve a casa a jugar y descansar. Pero uno se desplaza algunos kilómetros de la capital (o dentro de los suburbios de la misma) y uno encuentra niños trabajando con sus padres o ayudándoles de alguna manera a sustentar el hogar. Creo que en Tierra Bomba esto está cambiando, y es gracias a actividades como la lectura, o el deporte, por ejemplo.

J.R. Moreno: Claro, estas actividades en torno a la lectura sí crean espacios para que el niño regrese a la “institución” de la infancia.

El Salmón Editores: Ya para terminar la entrevista, ¿hubo alguna historia conmovedora alrededor de la actividad de la lectura? ¿Crees que cambiaste la vida de alguien realizando la actividad?

J.R. Moreno: El trato con los animales en la isla es muy malo. Los perros y los gatos en general no reciben muchos cuidados, y por lo contrario reciben bastante maltrato. Al leer ¿Sabes cuáles son? muchos niños cayeron en cuenta de que trataban mal a los animales: el libro se convirtió en un espejo para empezar a generar un cambio.

 

 

 

 

 

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LA LECTURA Y LOS LAZOS AFECTIVOS ENTRE PADRES E HIJOS

La lectura es sin duda un hábito maravilloso, pues cuando leemos nos apartamos de nuestro ajetreo cotidiano encontrando allí un espacio personal que a menudo nos ayuda a buscar las respuestas a nuestros problemas del día a día. Visto de esta forma, el hábito de la lectura nos ayuda a cimentar una relación con nosotros mismos. Es un hábito que fortalece nuestra autoestima y nos ayuda a cuestionarnos sobre los distintos dilemas que enfrentamos a diario. Sin embargo, llegar a ese punto implica todo un proceso de fortalecimiento que viene desde la infancia, cuando nuestros padres, frecuentemente llenos de ocupaciones y preocupaciones propias, nos cedían un espacio para leer con ellos a la luz de una lamparita nocturna o bajo el luminoso sol que cubría nuestras visitas a los parques los fines de semana.

Cuando los niños leen con sus padres no encuentran solo un espacio de diversión cotidiano, sino que encuentran un espacio óptimo para aprender sobre la vida, para conocer a sus padres, y frecuentemente también para entablar con ellos conversaciones importantes, generando un espacio cómodo y seguro para que las preguntas más álgidas sean contestadas con respeto y comprensión. Desarrollando este espacio de la manera correcta, los niños podrán eventualmente plantearse solos estos cuestionamientos, pensarán por sí mismos y harán de la lectura un espacio de reflexión autónomo donde su personalidad y creencias se desarrollarán y fortalecerán a medida que la vida pasa.

En esta ocasión nos gustaría ofrecer algunos consejos para que los padres creen y fomenten estos espacios de reflexión. De esta forma podrán fortalecer los lazos afectivos con los niños y además, eventualmente, les ayudarán a cimentar su autoestima y su capacidad de formarse una opinión sobre cualquier aspecto de la vida.

Conversemos sobre la lectura

Lo más apropiado cada vez que terminamos una lectura con nuestros niños es entablar una conversación. ¿Cómo te pareció el libro? ¿Te gustó? ¿No te gustó? ¿Por qué? ¿Aprendiste algo nuevo? ¿Qué piensas del comportamiento de tal o cual personaje del libro? Hacer estas preguntas ayudará al niño a comprender, en primer lugar, que la lectura es el espacio ideal para que nos hagamos este tipo de cuestionamientos. Si bien los libros para niños (y los libros para adultos también) están empapados de ficción, es importante que desde pequeños los niños entiendan que los libros son una representación de la vida real y que mal que bien son una muestra de lo que ocurre en la sociedad en la que vivimos o una muestra de nuestras vivencias cotidianas como personas.

 

En segundo lugar, entablar este tipo de conversaciones validará la opinión de nuestro hijo: es importante que el niño entienda que su opinión o pensamiento con respecto a cualquier cosa es muy importante, y que es válido que la exprese de manera adecuada y respetuosa, aún cuando difiera abismalmente de la opinión de sus padres.

¡Conozcámonos!

Que nuestro hijo responda al tipo de preguntas que plantemos nos ayuda a conocerlo mucho mejor. Saber qué piensa sobre determinado hecho, sobre el comportamiento de algún personaje, o sobre el tema esencial de una lectura, nos ayuda a saber cuáles son los rasgos esenciales de su personalidad, y saber en qué campos necesita de nuestro apoyo y orientación en el caso de que detectemos alguna carencia.

Además, la lectura se convierte así en un espacio maravilloso en el que también nosotros podemos darnos a conocer. A menudo los padres no quieren mostrar su vulnerabilidad, pues saben que su ejemplo y liderazgo es importante para el desarrollo de sus hijos. Sin embargo, mostrar nuestra opinión sincera sobre el tema principal de un libro, sobre los personajes, o sobre cualquier cuestionamiento que nuestro hijo tenga abre un espacio de confianza al que los niños saben que podrán acudir cada vez que quieran. Mostrarnos solo como figuras de autoridad no ayudará a que nuestros niños desarrollen una confianza verdadera hacia nosotros, temiendo muchas veces compartir sus inquietudes con los adultos. La lectura abre un espacio maravilloso para que esto suceda, y para que el amor entre padres e hijos crezca exponencialmente.

Contestar preguntas incómodas

En algún momento todos los padres deben enfrentarse al hecho de contestar alguna pregunta incómoda. ¿Cómo vienen los niños al mundo?, ¿qué pasa cuando morimos?, ¿por qué hay padres que se divorcian? o ¿por qué hay niños que viven en familias diferentes a la nuestra? son solo algunas de las muchas preguntas álgidas a las que los padres deberán enfrentarse en algún momento.

Hoy en día los padres temen más que nunca: preservar la inocencia de los hijos el mayor tiempo posible se ha vuelto una prioridad para muchos. Las preguntas que aquí plantemos son incómodas para muchos padres porque abren una pequeña puerta hacia la comprensión del mundo de los adultos, y para muchos es difícil aceptar este acceso, que con el pasar de los años se vuelve cada vez más grande.

Sin embargo, a través de la lectura contestar este tipo de preguntas se vuelve menos incómodo y complicado. Por ejemplo, uno de nuestros libros, llamado Los dinosaurios, le abre a los niños la curiosidad sobre la muerte y la herencia familiar. Muchos padres están reticentes a hablar sobre este tema, pero la lectura de un libro como Los dinosaurios abre la posibilidad para que ellos pregunten todo lo que necesitan saber y para que nosotros, los adultos, podamos responder a estos cuestionamientos de manera sencilla, cómoda y agradable.

 

En otras palabras, la lectura ayuda a construir lazos de comunicación, que cimentarán la confianza y el afecto entre padres e hijos. Generar este espacio le ayudará a los niños a saber que pueden confiar en sus padres, y más que nada, les ayudará a construir un espacio de reflexión que irá creciendo a medida que lleguen a los grandes portones que les darán el acceso a la vida adulta.

 

 

PEQUEÑA BIBLIOTECA (VOLUMEN I)

A lo largo de nuestra experiencia como editores de libros ilustrados (y a menudo infantiles), una de las preguntas más frecuentes que los padres nos hacen es qué tipo de libros recomendamos para que sus hijos empiecen a leer. Los libros favoritos de nuestra editorial, que hoy descansan en una pequeña biblioteca en nuestra oficina, son en general libros que pueden leer personas grandes y pequeñas, adultos y niños; libros que pueden conmover, divertir y enseñarle a cualquiera; libros que despiertan la imaginación y reavivan la emoción de vivir, tanto en el mundo de los adultos como en el mundo de nuestros pequeños.

Sin embargo, recomendamos siempre que los primeros pasos en la lectura deben acompañarse de un buen libro álbum. El libro álbum es ideal para leer en compañía. A menudo los adultos podemos acordarnos de cuando nuestra profesora del jardín de infantes nos sentaba en el piso mientras abría frente a nosotros un gran libro con imágenes y hermosos dibujos, y como nosotros, con nuestra tierna imaginación, nos apiñábamos junto a ella para poder admirar las ilustraciones.

Además de ser el libro perfecto para leer en compañía, el libro álbum, como su nombre lo dice, está lleno de imágenes que el niño puede observar con detenimiento. Los dedos de los niños corren ruidosos por las páginas del libro, señalando todos los personajes de la historia, haciendo preguntas curiosas e inventando bonitos finales para todos los personajes del libro.

 

En esta ocasión quisiéramos recomendar dos de nuestros libros álbum favoritos, libros que seguramente disfrutaremos junto a los niños.

 

DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS – Maurice Sendak

Para pequeños temerosos

 

El pequeño Max es un niño rebelde. Le gusta ponerse su traje de lobo, correr por toda la casa y hacer travesuras que ponen en aprietos a su madre. Un día su madre se enoja y Max, en su innata desobediencia, le dice a su madre que se la comerá. La madre de Max lo manda a la cama sin cenar, y en las cuatro paredes de su habitación, en el encierro más profundo, el niño inicia su mayor aventura.

De hecho, aunque su madre puede controlar su comportamiento y encerrarlo en su cuarto, no puede echarle cerrojo a la imaginación de Max, que esa noche emprende un increíble viaje a la isla donde viven los monstruos. Aunque ellos tratan de asustarlo con sus dientes espeluznantes y sus horrendos rugidos, el niño no se asusta: los mira fijamente a sus ojos amarillos y prueba que es capaz de asustar incluso a los monstruos más terribles.

Tanto lo respetaban los habitantes de la isla que lo hicieron rey. Max se divirtió con ellos: jugó, saltó, corrió e inventó los mundos más inverosímiles, pero un buen día se cansó de ser el rey, y a pesar de las súplicas de sus nuevos amigos, decidió volver a casa para probar la comida caliente de su madre.

El libro de Maurice Sendak es bastante famoso, tanto que fue llevado al cine en el año 2009. Sobre el libro se han escrito obras de teatro y se han montado entretenidos teatros de marionetas. La historia del pequeño Max nos habla sobre la libertad de la mente, sobre el poder de la imaginación, pero sobretodo, nos cuenta de manera simpática cómo los miedos pueden ser vencidos y cómo nosotros podemos reinar sobre ellos, incluso utilizándolos para nuestro propio beneficio.

 

ONCE UPON AN ALPHABET – Oliver Jeffers

Para los primeros pasos en la lectura y la escritura

 

Muchos han sido los alfabetos ilustrados. En las tiendas de souvenirs o de decoración una de las piezas más comunes es el alfabeto. Payasos, animales y divertidos personajes toman la forma de las letras del alfabeto para que nuestros pequeños puedan decorar las puertas de sus habitaciones con su nombre tallado en divertidas letras.

Una de las formas más comunes de los portafolios de los ilustradores es justamente el alfabeto: una amalgama de letras que se esfuerzan por decorar con sus mejores pinceladas y trazos. Usualmente es esta la forma que adoptan los libros que tratan de enseñarle el alfabeto a nuestros niños: hermosas letras que más allá de un bello dibujo, no aportan nada para que nuestros hijos aprendan del uso de las letras y del lenguaje.

Esta vez queremos recomendar este bello libro, que con cada letra del alfabeto arma una pequeña historia fantasiosa. No se consigue a nivel nacional, pero es un excelente pedido para realizar por Amazon, especialmente para los padres que tienen interés en criar a pequeños bilingües.

Por ejemplo, para la letra A el autor nos cuenta la historia de un astronauta con una gran misión que tenía un pequeño problema: le temía demasiado a las alturas como para subirse a su nave cohete y emprender su aventura. Para la letra C tenemos la simpática y triste historia de una taza (cup en inglés) que vive muy sola y muy fría en su estante de la cocina. Su mayor aspiración es alcanzar la ventana que puede observar desde su repisa, pero cuando intenta alcanzarla se da cuenta que le vacío que la separa de la ventana es muy grande.

Estas pequeñas y deliciosas historias son ideales para leer antes de dormir, pero sobretodo, son historias que le muestran a nuestros niños el mundo mágico de las palabras. Por ejemplo, ¿por qué un búho y un pulpo no pueden ser aliados en una misión? ¿Por qué una puerta no puede ser de gelatina? Las palabras como herramienta de la imaginación son el principal vínculo que tiene este libro con la infancia y su uso correcto y constante dará inicio a una nueva generación de jóvenes cuentistas y poetas.

 

Estas dos obras pueden ser las primeras de nuestra pequeña biblioteca en casa, que poco a poco va a ir atesorando innumerables volúmenes que nuestros niños van a estar ansiosos por leer.

¿CUÁNDO? ¿DÓNDE? ¿CÓMO? ESTRATEGIAS DE LECTURA PARA PADRES

En El Salmón Editores hemos descubierto que el secreto para que los niños lean muchas veces está en la orientación que los padres quieran darle a la lectura. Usualmente, si bien los libros que asignan en el colegio como tarea pueden llegar a apasionar a un niño, los padres juegan un papel fundamental en sus hábitos de lectura. En la familia los niños aprenden a incorporar la lectura a la vida cotidiana y a ampliar la lista de temas de su interés.

Muchos padres quisieran que sus hijos adquirieran este hábito, pero en realidad, sumergidos en las múltiples ocupaciones de sus vidas cotidianas, entre el trabajo, los deberes domésticos y otras responsabilidades que acaparan su tiempo, no encuentran el momento ni el lugar para leer con sus hijos, dejando que el niño sea quien direccione sus intereses en la lectura.

No pensamos que los padres deban controlar su hábito, censurarlo o restringirlo, pero sí pensamos que los padres tienen la tarea de orientarlo para que la lectura se convierta en un hábito cotidiano del tiempo libre de nuestros niños.

En esta entrada quisiéramos dar algunos consejos sobre cuándo es más apropiado leer con los niños y en qué lugares, y sobretodo, sobre cómo debemos orientar la lectura de acuerdo a sus edades e intereses.

 

¿CUÁNDO?

 

Para muchos padres, el único momento disponible para compartir la lectura con sus hijos es la hora de dormir. Aunque es una actividad que hace crecer los lazos afectivos y que nos permite compartir un momento de imaginación y cariño con nuestros hijos, también es recomendable buscar otros espacios, pues la hora de dormir está asociada con el descanso, y la lectura, en este momento, no suele ser muy activa.

Durante la semana, los padres podrían motivar a los hijos a leer justo después de terminar los deberes escolares (para asociar la lectura al tiempo libre). Durante el desayuno también puede ser interesante leer un pequeño aparte de alguna historia. Muy pronto los niños adquirirán este hábito por sí mismos.

 

¿DÓNDE?

 

El dónde puede variar de acuerdo a la disponibilidad de tiempo que tengamos. Durante la semana es recomendable leer en casa, pero durante los fines de semana se puede aprovechar el tiempo libre para ampliar este rango y permitirle a los niños asociar los libros al tiempo en familia. Durante los fines de seman, se pueden planear salidas al parque para poder compartir en este momento la lectura con nuestros hijos. Este tipo de espacios dedicados a la recreación harán que los niños asocien la actividad de la lectura a este tipo de momentos, incorporando la lectura a los tiempos de descanso y diversión.

Ir a leer a bibliotecas y librerías es también un hábito muy recomendable, que además nos permite explorar qué más alternativas hay para leer. Las librerías infantiles de la ciudad (como Babel o La Hora del Cuento) ofrecen interesantes actividades de lectura los sábados y domingos para que los niños visiten las librerías y tengan la oportunidad de compartir este hábito con otros niños. En Bogotá la iniciativa de Picnic de Palabras también organiza lecturas los domingos en los parques de la ciudad para que los niños puedan compartir en un espacio recreativo.

 

¿CÓMO?

 

En este punto quisiéramos destacar varias ideas. En primer lugar, nos gustaría invitar a los padres que sin importar qué edad tengan sus hijos o cuán largos sean los libros que los niños lean, a que lean el texto antes de entregárselo a sus hijos. Leer el libro le permitirá a los padres tener un contexto para cuando los niños hagan preguntas durante el tiempo de lectura compartida. ¿Sobre qué trata el libro? ¿Cuál es el tema principal que abarca? ¿Qué representan los distintos personajes? ¿Tiene alguna enseñanza en particular?

Cuando estemos leyendo con ellos es importante desarrollar estrategias para que los niños se enfoquen en el texto. Si tenemos niños muy pequeños no podemos pretender que estén en silencio, quietos o escuchando todo el tiempo: es importante permitirles que hablen durante la lectura, que observen las ilustraciones y que hagan muchas preguntas. Para niños pequeños también recomendamos inventar pequeños juegos con las ilustraciones. Por ejemplo cuando hacemos nuestras lecturas de La Playa les pedimos a los niños que busquen las gaviotas y los cangrejos en las ilustraciones del libro, y que cada vez que los encuentren hagan un gesto característico del animal. Para niños más grandes recomendamos ampliar su vocabulario y sus campos de interés durante la lectura. Por ejemplo, si tenemos un libro cuyo personaje principal es un león, podríamos invitarlos a averiguar más sobre los leones, sobre cómo viven y sobre cuáles son sus hábitos cotidianos.

Después de haber terminado con la lectura del cuento o con la lectura de un capítulo del libro, es importante que el padre socialice la lectura con su hijo. ¿Qué tal nos pareció el cuento? ¿Hay algo que aprender del libro que acabamos de leer? ¿Cuál crees que es el tema principal del libro? Es fundamental que tanto el padre como el hijo compartan su punto de vista y traten de llevar el texto un poco más allá de lo que es aparentemente.

Finalmente, recomendamos que los padres estén informados sobre las novedades editoriales: cada año se sacan miles de libros ilustrados que podrían ser del interés de nuestros hijos. Buscar, leer y recomendar es fundamental para que los niños adquieran curiosidad y sobretodo, para que amplíen sus temas de interés.

 

Leer con los niños siempre es mucho más sencillo de lo que pensamos: su imaginación hace más del 80% del trabajo, pero está en nosotros, los adultos, orientarlos para que esa imaginación siga creciendo incluso durante su vida adulta.

 

Escoger un libro

 

Uno de los temas más complejos a la hora de incentivar el interés de los niños por los libros es el tema de escoger qué libros son los apropiados para que lean. Muchos padres y profesores se han dejado llevar por el tema de la censura: los temas de sexo, violencia o temas simplemente relacionados con el mundo adulto son los más controversiales. Los adultos alejamos a los niños de los libros (y películas) que puedan marcar una dinámica dentro de este entorno, para “proteger” de cierta forma su inocencia, para prolongar su infancia y para lograr que permanezcan en su mundo de fantasía y esperanza por mucho más tiempo.

 

Por otro lado, los padres también optan por las opciones más sencillas para evitar los temas censurables y a la vez interesar al niño en la lectura: libros plagados de personajes de Disney y de las películas más comerciales son a veces las opciones más vendidas en todo tipo de librerías. Aunque ningún mal hace leer este tipo de libros, también es bueno mostrarle al niño otro tipo de alternativas que puedan llamarle la atención; incluso mucho más que sus personajes favoritos de las películas y las caricaturas televisivas.

 

En pocas palabras, últimamente se ha pensado que hay libros inapropiados y libros apropiados para los niños. En la gama de libros apropiados hay ramas absolutamente facilistas, que en realidad a la larga no van a incentivar en los niños el amor por la lectura. En cuento a la gama de temas “censurables”, en El Salmón Editores hemos descubierto que en realidad no hay temas inapropiados para los niños. Una vez, en un evento sobre nuestro libro Por la ventana, Europa un niño se interesó por leer el cuento de Chéjov titulado La conversación del borracho con el diablo. El niño respondió de manera asombrosa: sabía perfectamente qué era un borracho, quién era el diablo, y conocía a las mil maravillas los resultados de la decadencia. Es por experiencias como esta que hemos llegado a pensar que nunca debemos subestimar a un niño y mucho menos en temas de lectura: escoger un libro basándonos en lo apropiado o en lo inapropiado no va a dar los resultados que esperamos, y sobretodo, no va a cimentar un interés por la lectura basado en la voluntad propia de leer.

 

Teniendo en cuenta estos obstáculos que se le presentan día a día a padres y profesores, hemos recogido una serie de consejos para orientar a nuestros niños a escoger sus propias lecturas y para ayudarlos a construir día a día su amor por los libros.

 

Escogiendo los libros de los estantes

 

Visitar la librería o la biblioteca con cierta frecuencia es el primer paso para motivar al niño a la lectura. Las visitas a la librería deberían ser tan frecuentes y asiduas como las visitas a las jugueterías o a los salones de juego en los centros comerciales, y el niño debería mostrar el mismo entusiasmo por participar en los juegos que en la lectura. Ir de visita con el niño a la librería le permitirá asociarla a un espacio de esparcimiento y tiempo libre, en el que va a desligarse completamente de sus actividades académicas y demás obligaciones.

 

Además de esto, como en una juguetería o en un parque de diversiones, en la librería el niño tendrá acceso a la variedad: en los estantes de las librerías de las secciones infantiles y no infantiles el niño podrá observar todo tipo de libros diferentes. Así como le permitimos escoger un juguete u otro, o si subirse a la montaña rusa o a al carrusel, el niño podrá escoger los libros que quiera hojear y mirar.

 

De esta forma, no solo le ayudaremos a relacionar la lectura con el tiempo libre, sino que además, le permitiremos cimentar su propio catálogo de intereses y ampliarlo escogiendo cada vez más libros que puedan interesarle.

 

¿Cómo aconsejarlo?

 

Aunque el niño debe escoger según sus propios intereses y criterios, esto no quiere decir que los adultos no podamos hacer nada para motivarlo o para orientarlo en esta búsqueda.

 

En las visitas a la librería, aconsejamos que el niño cimente una relación con el librero: este personaje especial será como un mago para ellos, que recoja de los estantes los tesoros más perdidos. El librero usualmente está capacitado para añadir más ejemplares a la lista de interés de los niños. Muchos ya llegan con algo en mente. “¡Quiero un libro que hable sobre historia!”, “¡Quiero un libro que hable de dinosaurios!”, “¡A mi me gustan los cuentos de hadas!”, dicen los niños cuando el librero les pregunta qué andan buscando.

 

Usualmente, los libreros saben que los buenos libros son como matrioskas: hablan de un interés en específico pero a la vez contienen oculto entre sus páginas otro interés que se sugiere silencioso durante la lectura. Por este motivo aconsejarse con el librero es importante, pues los distintos campos de interés del niño crecerán y se ampliarán dando rienda suelta a su curiosidad.

 

Leyendo en la librería

 

Las librerías usualmente disponen de un espacio para que los niños puedan sentarse a hojear los libros que han escogido. Como padres es importante acompañarlos en esta tarea. Leer juntos es una actividad que aconsejamos que se haga con frecuencia, tanto en la librería como en casa, pues no solo contribuye a reforzar los lazos afectivos entre padres e hijos, sino que ayuda a ampliar los temas característicos de cada libro.

 

Nos explicamos: hablar y discutir sobre el texto con el niño es de suprema importancia, pues el niño tendrá la posibilidad de reflexionar sobre lo que ha leído y además, también podrá escuchar nuestras opiniones al respecto. Si el libro tiene imágenes también se pueden mirar en conjunto y atrapar aquellos detalles que escapan a los ojos.

 

En estas conversaciones, además, nos daremos cuenta de que nuestro niño comprende mucho más de lo que pensamos.

 

De camino a casa

 

Cuando ya el niño ha escogido uno o dos ejemplares de su interés, no dudemos en llevarlos a casa, pues ha puesto mucho empeño en escoger un libro que le interesara. Es preferible escoger pocos ejemplares, ya que con esta excusa (de regresar por los otros libros escogidos), el niño tendrá cada vez más interés en visitar la librería.

 

Aquí acaba nuestro recorrido. Ojalá que con estos consejos regresemos a casa con paquetes rebosantes de libros y con niños con la cabeza llena de nuevos intereses y curiosidades.

Consejos para leer con un niño

 

A lo largo de nuestras incursiones por librerías, bibliotecas y colegios de la ciudad, hemos conocido centenares de padres y profesores interesados en motivar a sus hijos y alumnos a escoger la lectura como una actividad predilecta. Mucho se ha hablado de que estamos en la era de la imagen, de que los libros son cosas del pasado y que hoy en día es muy difícil motivar a un niño a leer. Muchas veces, los niños reciben libros como regalo, y los padres, muchas veces por no saber cómo leer con sus hijos, deciden apilarlos en algún rincón de la habitación esperando que el interés de leerlos venga del niño mismo.

Por otro lado los profesores muchas veces quisieran agregar textos interesantes al pensum de lectura, o profundizar mucho más en la materia literaria, pero por reglamentaciones académicas esto les resulta imposible.

A lo largo de los años que venimos trabajando con los niños, hemos descubierto que la lectura puede motivarse desde muchos ángulos. Si padres y profesores quisieran tomar nota de nuestra experiencia, les traemos algunos consejos útiles para leer con los niños.

 

  1. Leer en compañía siempre es más divertido:

 

Muchos niños pueden llegar a escoger la lectura como su actividad predilecta de forma independiente, pero como en la mayor parte de actividades (incluyendo la práctica de las artes, de la música o del deporte) el interés seguramente se despierta a partir de alguna experiencia significativa con estas prácticas.

La forma más valiente y valiosa para motivar a un niño a la lectura es hacer de esta actividad una actividad compartida tanto con los padres como con otros niños. Leer en grupo no solo significa hacer de la lectura algo más lúdico, sino que además leyendo en comunidad se crea un espacio para compartir las experiencias de la lectura. Mirar juntos las ilustraciones, hacer conjeturas sobre hacia dónde irá el hilo de la historia y compartir opiniones y reflexiones al finalizar el cuento hace de la lectura algo muy enriquecedor, pues no solo fortalece el vínculo con aquellos que participan de la actividad sino que además aumenta la capacidad reflexiva de los niños que empiezan a ver en los libros un nicho interesante que abre las puertas a todo tipo de reflexiones.

 

  1. Hagamos de la lectura una actividad del tiempo libre:

 

En la mayoría de colegios la lectura se ha vuelto una actividad impositiva. Leer 10 capítulos de cualquier obra para el día siguiente se suma al tedio de las tereas de matemáticas o de los ejercicios de inglés. Académicamente, la lectura se ha vuelto una actividad más que le quita a los niños horas de su espacio de esparcimiento desmotivándolos completamente frente a esta práctica.

Hay mucho tiempo para dedicarle a la lectura fuera de las actividades escolares. Leer antes de dormir es la hora predilecta de muchos padres, pero también se puede salir a leer un libro al parque, o invitar a otros niños a compartir una tarde de juegos en la que la lectura esté incluida.

En el caso de los maestros, es mucho más difícil apartar el peso académico de la actividad de leer. Sin embargo, por un lado, se pueden alternar las lecturas del pensum escolar con lecturas que los niños puedan escoger de alguna lista y elaborar algunas actividades a parte con los libros que los niños escogieron leer. En el aula de clase es muy recomendable realizar lecturas en comunidad, para compartir experiencias y reflexiones, y que sean justamente estas sesiones las que aligeren la carga académica de otras materias.

 

  1. Visitemos las librerías con los niños

 

El espacio de la librería ofrece todo tipo de actividades a las que los niños pueden asistir. A nuestras lecturas asiste casi siempre un público asiduo y los niños generalmente se entusiasman con la actividad. Además de llevar a los niños a este espacio para asistir a talleres y demás, es importante que los niños se familiaricen con el espacio de la librería para poder contemplar todas las opciones de libros entre las cuales puede escoger.

Observar los libros en los escaparates, mirar las distintas ilustraciones, sentarse a leer unas páginas o atender a las recomendaciones del librero son algunas de las cosas que seguramente generarán un cambio frente a esta actividad. Lo más valioso será tal vez que el niño aprenderá a forjar sus propios intereses frente a la lectura: sabrá qué autor le gusta más, qué libros son de su preferencia, y además, podrá observar cualquier libro sin que se le imponga censura alguna.

 

  1. La lectura también puede ir de la mano de otras actividades:

 

Nuestros talleres de lectura generalmente van acompañados de otras actividades. Ofrecemos talleres de ilustración y poesía que van de la mano con una lectura conjunta. Que el niño complemente la actividad de la lectura con otro tipo de ejercicios para los que tiene que utilizar su imaginación, ayuda no solo a aumentar el interés de los niños por los libros, sino que además les ayuda a ampliar el contenido de la lectura con su propia capacidad reflexiva.

A través del uso de estas actividades, el niño aprende que un texto no se acaba cuando cerramos sus páginas, sino que nosotros mismos, a través de nuestra capacidad de discernir, imaginar y crear, seguimos construyendo el texto por fuera de sus páginas.

 

  1. Sobre la comodidad, el descanso y el juego:

 

Finalmente, quisiéramos dar unas últimas pinceladas a nuestros consejos. Cuando vayamos a leer con un niño hagámoslo en la más absoluta comodidad. Para los padres, ojalá acomodemos a los niños es los mullidos almohadones de la cama, o bajo la penumbra del sol de las tardes. Para los maestros, coloquemos las sillas y mesas del salón en una disposición diferente, para recibir la actividad de la lectura con el mayor agrado y simpatía.

Ojalá entre todos se puedan observar las ilustraciones del libro, y si el texto no cuenta con esta herramienta, que estas ilustraciones puedan crearse a través de la imaginación.

Para terminar, al final de cada sesión abramos nuestros oídos a las reflexiones de los niños sobre la lectura. Nunca subestimemos la mente de un niño, que muchas veces nos abre caminos que nosotros los adultos, en la dispersión que nos imponen las responsabilidades y preocupaciones, dejamos pasar totalmente desapercibidos.

 

¡Ojalá todos tengan una feliz lectura con los niños que habitan sus mundos!

Leyendo con los niños: un testimonio de J.R. Moreno

El año pasado cuando decidí realizar mis expectativas como ilustrador de libros infantiles, me acerqué a El Salmón Editores con la esperanza de mostrarles mis ideas para la publicación de un libro infantil. La idea de un catálogo de animales extintos le entusiasmó mucho a la editorial, y afortunadamente concordamos con prontitud todo lo relacionado con el tema y los procesos burocráticos. Muy pronto tomé consciencia de que mi libro iba a ser publicado y que en corto tiempo iba a habitar en las mesas de noche y bibliotecas de los niños del país. Al ser un autor de obra inédita, muchas veces me pregunté cómo se vería mi libro al salir, cómo adornaría las repisas de esas casas, con qué ojos mirarían los niños sus páginas.

 

Después de su gran estreno en el trigésimo aniversario de la Feria del Libro de Bogotá, comencé a figurarme cómo serían los eventos que organizaba la editorial y me emocioné mucho al pensar que muy pronto podría ver la mirada absorta de los niños mientras les leía mis páginas. Cuando comencé con estas actividades, conociendo varias de las librerías y parándome frente al público para leer mi libro, reconozco que me ponía bastante nervioso. “¿Les gustará mi libro a los niños?”, “¿mi lectura les llamará la atención?”. Estas eran algunas de las preguntas que me surgían al pasar las páginas de ¿Sabes cuáles son?, pero afortunadamente, después de tanto nerviosismo y emoción, leer para los niños ha resultado ser una actividad muy gratificante, que en más de una ocasión ha dejado recuerdos y anécdotas memorables. Me gustaría compartir con ustedes tres fragmentos de esas experiencias que he colgado en ese basto perchero donde habitan mis recuerdos sin etiqueta, fecha o locación.

 

Una de las experiencias más valiosas que he tenido con la lectura es darme cuenta que los niños que me escuchan son el reflejo del niño que aún habita dentro de mí. En una ocasión, con la voz un poco temblorosa, comencé a leer la primera adivinanza del libro: “- Por el bosque dos animales van. Uno come insectos y le canta al sol y el otro come frutas y le canta a la luna. ¿Sabes cuales son?-“. En ese momento, oigo a un niño muy emocionado diciendo: “- ¡Es un Murciégalo! –“. Poco después el niño cae en cuenta de su error y rápidamente trata de corregirse. “- Es un murciégalo-“, dice nuevamente. De repente, a mi cabeza vienen los recuerdos de cuando yo tenía cinco o seis años de edad. Trataba de decir murciélago y cerebro sin éxito alguno, y de mi boca borboteaban las palabras murciégalo y celebro junto al incierto sonido de mi voz infantil. Al recordar esos momentos, no pude esconder mi sonrisa, y con ternura le dije: “-Yo cuando no puedo decir murciélago digo Batman y la gente me entiende-“. El niño sonrió aliviado y alegre, y yo seguí con mi lectura.

 

Por alguna razón cuando un niño de doce o catorce años asiste a mi lectura siempre me siento un poco intimidado. Pienso que no lo va a encontrar interesante, que le lectura le parecerá aburrida o predecible, pero he descubierto que no hay edad adecuada para disfrutar de un libro y que niños y adultos pueden encontrarle gusto a la lectura de un supuesto libro infantil. En una ocasión recuerdo que había una niña ya mayor escuchando la lectura de ¿Sabes cuáles son?. Estaba un poco desatenta: hojeaba otro libro mientras de reojo trataba de prestar atención a mi lectura. Sentí que las adivinanzas no tenían mucho sentido para ella, pues con su rápido mirar adivinaba cuáles eran los animales de la página y dejaba que los más pequeños cumplieran esta tarea. Cuando los animales aparecían en todo su esplendor, ella sonreía sin despegar la mirada del libro que estaba en sus manos, sabiendo que había acertado en todas las adivinanzas. Comenzó a dejar su libro a un lado y a mirar las ilustraciones firmemente, como si quisiera compararlas con alguna imagen de su cabeza.

 

Finalmente, debo decir que estas experiencias de lectura me han enseñado que nunca debo subestimar a un niño. Generalmente, cuando me acerco al final del libro me preocupo un poco, pues me pregunto si los niños se van a sorprender más de la cuenta o si les parecerá muy triste la realidad de las especies extintas. En una ocasión un pequeño de gafas escuchó mi lectura con mucha atención. Al hacer mi reflexión final sobre los animales extintos, el niño exclamó sonriéndole a su madre: “- ¡Son animales del pasado!-“ Más tarde se despidió de mí con mi libro bajo el brazo y me contó que justamente en el colegio estaban haciendo una investigación sobre los animales del pasado. Muy contento y con un tinte de adultez en su mirada se llevó el libro para mostrárselo a su profesora y a sus compañeros de clase.

 

Estos recuerdos de mis lecturas me fueron edificando como autor. Leerle a los niños y ver en sus caras sus pensamientos y reacciones me ha motivado para continuar por este camino, pues me he dado cuenta que la lectura no solo puede llegar a ser una actividad predilecta para el tiempo libre, sino que además despierta su imaginación y con la continuidad, la mantendrá activa para el resto de sus vidas.

 

J.R. Moreno

Autor del libro ¿Sabes cuáles son?